Antesala de un “Camino a Santiago”

Quiero comunicar con esta pequeña introducción que este artículo no pretende ser un  ” boom literario”, ni muchísimo menos, y que está escrito, más con vivencias que emanan del corazón que otra cosa, guardando la forma sencilla de un canto rodado medianamente coloquial.

Esta pensado para la familia y amigos más próximos que pueden pensar, algún día, intentar la gran aventura . De verdad merece la pena, puede incluso que trastorne algo tu propia forma de ser aún sin quererlo; porque, lo queramos o no, estamos todos llenos de ansias, miedos y complejos.

Ojo con el tio la vara…

Si hablando del ” Camino” ves un leve interés en tu interlocutor, háblale del Camino y recomiéndaselo, te lo agradecerá . Y si ves una falta de interés, se ríe o simplemente te contesta lo que  me contestaron una vez: “…Nada más que de hablarlo ya me estoy cansando…”  A ese, olvídalo.

Dicho esto, tú verás si los recobecos de esta pequeña aventura te interesan o no.  Amparado por la “LUZ” del Camino, y sin por ello filosofar, acepto y comprendo de antemano tu decisión.

Un angioma en una vertebra, una delicada operación, una promesa: “El Camino de Santiago”…

El título del artículo es bastante elocuente por sí mismo, pero es en definitiva, la consecuencia de una serie de acontecimientos que desembocan en un fín.

Procedente del extranjero, hace algo más de quince años que oí, por primera vez, hablar del Camino de Santiago. Ese primer contacto con los rumores de caminantes y menos caminantes me incitó a conocer más del asunto, incluso  intentar yo mismo la experiencia del Camino. Es cierto que para ello, hay que tener un alma de trobador, un espíritu de bohemio y algo de soñador y aventurero. Siempre pensé que yo tenía algo de esas cosas, sin embargo, como el común de los mortales, cada uno tiene sus obligaciones del día a día y ese sueño de vagabundo que suena fantásticamente bien, se va perdiendo en la niebla de los tiempos.

Otro factor que no acompañaba mucho era mi avanzada edad y la cosa se iba demorando más y más, pero mi hijo, ya mozalbete, me habla un día del Camino – le cuento mis inquietudes pero matizo que ya era demasiado tarde -. Durante tres o cuatro años mi hijo insiste y yo doy largas y más largas.

Pero, por carambolas de la vida, mi mujer es intervenida quirúrgicamente y mi hija hace una promesa: “…Si sales bien de la operación haré el Camino de Santiago….” Ante tanta bondad y espontaneidad, y sin pensarlo demasiado, me sumo a la promesa y mi hijo, que se entera posteriormente, dice que él también lo quiere hacer con nosotros.

Preparativos.

Desde el 5 de Junio, fecha de la operación, hasta el primero de septiembre, fecha de salida, tenemos casi tres meses para informarnos, comprar mochilas, botas de trekking, entrenar algo, equipamiento en general, y todo ello, que pese poco, muy muy poco, teniendo en cuenta que todo lo que pesa poco en 200 metros, se convierte en un verdadero calvario a partir del tercer o quinto kilómetro (los eruditos aconsejan que el peso de la mochila tiene que ser el 10 por ciento del peso del mochilero…). Ya de vuelta del Camino pienso que ese 10 por ciento, es demasiado.

Esperamos los resultados definitivos de la operación, y al mes largo, vemos que la unidad del dolor del Hospital de Getafe ha rebajado las dosis de calmantes y morfina a la tercera parte aproximadamente, pero aseguran que con el tiempo la cosa irá a mejor. La suerte estaba echada, el Camino nos tendía los brazos, pero el tiempo para ver venir los toros, se acortaba considerablemente.

Todas las cosas buenas, y las malas también, tienen sus astucias maquiavélicas – mi hijo toma unas agotadoras vacaciones por el Sudeste asiático a principios del mes de Agosto y vuelve el 1 de Septiembre (el día de la marcha para el Camino) y para remate, una sobrina se casa el día ocho. Los tres meses iniciales se diluyen poco a poco… A mi hija, tranquila por excelencia, le sobran 25 kilos según la endocrino del Hospital de Getafe donde trabaja – A mí, me sobran 25 o 30 años y a mi hijo, el mástil del equipo, pienso que le sobrará energía, pero de momento no está…El tiempo se encargará de poner cada ficha en su sitio y que Dios reparta suerte.

Visitamos varias tiendas de deportes y terminamos por dónde teníamos que haber empezado: en Decathlon. Ahí compramos unos calcetines especiales – unas botas de trekking – unas camisetas – unos sacos de dormir – unas colchonetas. Por cierto, es la primera vez que pago más de 10 euros por un par de calcetines, pero son los euros mejor invertidos de mi vida.

A continuación, dos mochilas vinieron a última hora de Laos, más una que yo tenía, completaron el terceto. Tampoco podían faltar los sombreros, chubasqueros y una o dos linternas. En cuanto a los bastones: otro tropiezo – el avión de regreso de bajo coste de Santiago a Madrid no admitía ciertos artilugios por lo que tuvimos que desistir de palos y navajas.

Ese tropiezo se multiplicó por dos cuando supimos que la reserva que habíamos hecho un par de meses antes era para el sábado a las 10 de la noche, y no a las 10 de la mañana como creíamos (ya saben, las cosas de Internet…) – (La boda de la sobrina era ese mismo día pero a las 6 de la tarde. Perdimos los billetes de Ryanair, no llevamos ni navajas ni bastones y sólo nos llevamos la diminuta linterna que compramos.

Con esas pequeñas aclaraciones creo que he terminado con los preparativos y las trabas iniciales que conlleva cualquier Camino, cualquier viaje, por mucho que lo planifiques.

El Camino desde el corazón, con toda sinceridad.

No sé exactamente donde leí una frase que me dejó perplejo y algo pensativo por la paradoja que representa: “…El verdadero camino empieza cuando termina el Camino…” Sin embargo, por muy contrasentido que parezca, es una pura realidad. Es cierto, el que disfruta del Camino con todo su esplendor, su belleza, dónde no existen las nacionalidades, ni religiones, ni ricos ni pobres, ni blancos ni negros, ni políticas ni políticos ( e incluso con todas sus trabas, cansancio y dificultades ), es el propio camino, eres tú, el vehículo de tu corazón, que sigue el rumbo de tus pensamientos. Ya no eres el Caminante oscuro, impersonal, lleno de perjuicios, impuestos por una sociedad cada vez más depredadora, es el Camino que te persigue y se viste de peregrino. Se produce una especie de metamorfosis en la que tú mismo te conviertes en Camino. Es una sensación extraña ya que tanta luz, tanta libertad, tanto verde, te abren unos horizontes que siempre han estado ahí, pero que has sido incapaz de ver, de vivir, de gozar. Pienso que es un estado interior que te domina, como cuando tú quisistes conquistarle a él poniendo tu vida y tu corazón en la más noble y humilde de las misiones. La verdad es que no has hecho el Camino; el Camino te ha conquistado a tí. Lo que digo más arriba, lo dice también nuestro querido poeta-cantante Joan Manuel Serrat, con muy pocas palabras: “…Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Rutas del Camino de Santiago.

Existen unas diez rutas en España, aunque la más emblemática es el Camino Francés que parte de Saint Jean en el Pirineo francés, siendo ésta la etapa anterior a la de Roncesvalles. En Europa existen otras como la de Portugal, la de Austria, Alemania y probablemente otras ya que, tras la visita del Papa viajero Juan Pablo II (que quiero recordar visitó Santiago), los cruceiros, las vieiras y las inconfundibles flechas amarillas señalan la dirección a tomar para culminar cualquiera de los caminos.

Unos peregrinos nos aseguraron que un camino partía de la propia Polonia. Quiero creerlo porque en el Monte del Gozo ya no dominan los valles esas colosales estatuas de Caminantes, sino una especie de monolito de cuatro vertientes en forma piramidal y una de las caras representa la inconfundible imagen del Papa polaco.

Si tenemos que creer las afirmaciones de ciertos Caminantes, la ruta del norte sería al parecer la más noble, la más bonita, ya que prácticamente bordea el mar; aunque avisan que los desniveles son criminales de necesidad. Un auténtico rompe-piernas para entendernos mejor.

“…Buen Camino…”

Este es el saludo de Caminante a Caminante. Son palabras llanas, sencillas en extremo, pero también, alentadoras y reconfortantes cuando estas atenazado de cansancio, medio deshidratado y cuando tus piernas empiezan a flaquear. La entrega y la solidaridad es total por todas partes. Los propios lugareños te desean suerte con la misma frase: “…Buen Camino…” – eso me recuerda el saludo del Keniata con su “…Jambo…” esbozando una gran sonrisa que ponen al descubierto unos dientes blanquísimos. No puedo por más que dar las gracias a este pueblo tan abierto, colaborador y lleno de “buena gente”, como dicen en mi tierra andaluza.

Un día, a la salida de una gran ciudad, nos equivocamos y seguimos carretera adelante. Una ventana se abrió desde la otra acera, bastante distante por cierto, y una buena señora pegando gritos para que pudiéramos oirla, nos indicó que teníamos que retroceder hasta la iglesia y girar a la izquierda…

No pretendo pensar mal, pero he viajado muchísimo (20 años por España) y eso, en algunas otras ciudades españolas la gente pensaría: “…Déjalo, a ver si llega a Japón…” Pero, como dijo el otro, hace falta de todo para llenar un mundo.

Algunos, grandullones por lo general, andan de manera desenfrenada, mirada fija al frente, respiración alterada, cada zarpazo (paso) es ayudado por un palo o bastón que martillea una y otra vez la calzada, sudorosos en extremo no tienen tiempo de saludar… Sin ser un Bolt, quieren llegar los primeros – pero, los primeros de qué ?? Seguramente de alguna mini olimpiada organizada en una perdida aldeilla de los Montes Galáicos… Ese caballero (sin caballo) pasa, sin conocer ni ver, la luz que ilumina cada palmo, cada paso del camino, no advertirá la mano protectora que le guía – y cuando regrese, el camino no le habrá enriquecido, al contrario, encontrará más soledad en la gran urbe que habita. Para él, el verdadero camino no empezará cuando termine el camino… todo quedará ahí…

Esos señores me recuerdan los animales de labor cuando, tras una dura jornada de trabajo en el campo, no ven otra cosa que el camino de la cuadra…Una lástima, ellos se lo pierden.

Aclarando conceptos.

Con la palabrería y desde los cómodos sillones de mi casa de Madrid la cosa estaba muy clara, clarísima… Al día siguiente la cosa ya no estaba tan clara. Y al tercer día nos sobraban kilómetros y nos faltaban días, por todas partes…

El mínimo exigido para la obtención de la Compostela (diploma que se otorga al caminante) son cien Km. y dos sellos por día (sólo cuando estás en la Comunidad Gallega – fuera de Galicia un sello basta.) Nuestra primera intención era salir de Sasamón, llegando primero a Lugo por ferrocarril – luego un autobús o un tren de cercanías nos llevaría a Sasamón. Los horarios no coincidían y decidimos salir de Cebreiros. Pero el tiempo y las agujas del reloj empujaban inexorablemente por la falta de días de que disponíamos, a causa de la famosa boda y del no menos famoso Triángulo de Oro asiático…

Lejos de desanimarnos, mi hija y yo, con los sabios consejos del capellán del Hospital de Getafe, llegamos a un acuerdo mutuo: saldríamos de Cebreiros (provincia de Lugo si no me equivoco); ganábamos sobre Sasamón pero perdíamos con respecto al Km.100. Para tres imberbes sin experiencia de largas caminatas y con la acuciante falta de días, deliberamos nuevamente y llegamos al entendimiento definitivo. Saldríamos desde el emblemático Monasterio de Samos de la Orden de los Benedictinos, de muy grato recuerdos para nosotros. El segundo Monasterio más grande de Europa, lleno de celdas (Habitaciones), para novicios y peregrinos, con notoria y lógica separación entre los unos y los otros.

Aguardando el regreso del niño que se perdió en Ásia y con la colaboración del marido de mi hija que se ofreció para llevarnos a Samos y regresar al otro día, salimos de Madrid el mismo día uno, pero bien entrada la tarde, lo que representaba un nuevo contratiempo ya que las puertas del Monasterio se cierran de 10 a 10,20 de la noche. Llamamos un par de veces para avisar de la tardanza y se brindaron para abrirnos las puertas a la hora que llegáramos.. Cosa que queremos agradecer de todo corazón desde estas líneas ya que sabemos que la UNA de la madrugada no es hora para deambular por la casa de Dios…

Comienza la ruta, comienza la aventura.

Primer error:

Cansados de tanta planificación, cansados por el largo viaje, cansados por tanta tensión sin saber si nos acogerían en el Monasterio o no, y con un mundo de dudas, nos levantamos bastante tarde para el reto que nos esperaba. Salimos a desayunar como señores…, regresamos para preparar las mochilas y salimos completamente relajados a algo más de las 12 del mediodía. (el día anterior pensamos que saldríamos sobre las siete de la mañana…, pero las cosas son como son y hay que tomarlas con una cierta dosis de filosofía.) El sol estaba en el zenit y al poco tiempo sentimos que el cansancio nos invadía a los tres.

Entre error y error va el juego:

A trancas y barrancas seguimos, y después de muchas horas paramos para comer a destiempo en Porto Marín si no recuerdo mal. Pero no un bocadillo y seguir andando…No, no! pedimos una copiosa comida en plan señoritos en “El Mirador” y cuando nos levantamos de las sillas, a muy duras penas, miramos los montes en la lejanía, respiramos hondo y tragamos saliva. El camino nos tendía los brazos y nos esperaba inexorable; había que seguir andando….

Entre error y acierto:

El acierto fue que regresamos a dormir a Samos por medio del coche de Jose, el marido de mi hija, que decidió quedarse dos o tres días más para buscarnos camas en los lugares dónde pensábamos llegar; y si podía buscarnos algo de comida o bebida, o simplemente recomendarnos un restaurante dónde él habría comido anteriormente.

El error, volver unos veinte kilómetros para atrás para, al otro día, regresar al punto de parada del día anterior. Más cansancio pero sobre todo, más pérdida de tiempo.

Ese segundo día, fuimos al oratorio del convento, invitados por el padre Alberto, a escuchar el rezo matinal de sus mayores y, aunque dicho acto empezaba a las siete de la mañana, entre que sacamos fotos, desayunamos en el mismo sitio que el día anterior y pateamos un poco sus calles, el resultado fue que, nuevamente, salimos demasiado tarde, otra vez, cerca de las doce del medio día.

Los sabuesos dicen que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra. No obstante, mi hija, mi hijo y yo llegamos a la conclusión que no es culpa nuestra si esa piedra es enorme y está siempre delante de nuestros pies…

El primer día aprendimos una lección: No te puedes parar para comer en plan gourmet en un restaurante: unas salchichas a palo seco, una botella de agua o bebidas tipo Acuarius, unos bocadillos vegetales (triangulares de pan Bimbo que venden en las gasolineras y punto). El tiempo era oro y, por supuesto, lo más importante – Llegábamos a Santiago a tiempo, o no llegábamos-.

Tercer día y más aprendizaje:

Unos monjes de Samos nos dijeron que era muy conveniente andar por los senderos incluso de grava y olvidarnos en lo posible de las carreteras cuya calzada es mucho más dura y recalentada por el sol. Seguimos la pauta y observamos que es una pura realidad.

También pudimos observar que la recomendación de la vendedora de Decathlon, de que las botas de trekking hay que ponérselas unos días antes para que se amoldaran al pie, y el pie a la bota, es el otro mito de las cavernas. Mi hijo aguantó a duras penas dos días, con intermitencias de unos deportivos. Luego, olvidó las botas, que durmieron el sueño de los justos en el maletero del coche de Jose.

Mi hija hizo una alternancia entre zapatos y deportivos y aguantó bastante bien el tirón. Lo que no le impidió, no obstante, que terminara con una uña negra en un dedo del pie.

En cuanto a mí, me entrené durante un mes cambiando una y otra vez de calzado para evitar en lo posible rozaduras. Aguanté todo el camino con las botas, pero no pude evitar alguna que otra rozadura.

También aprendimos otra cosa: que las cuestas abajo son peores que las cuestas arriba. La cuesta arriba es mucho más cansina pero la cuesta abajo impulsa el pie hacia la punta de la bota y es, ahí, donde y cuando empiezan los problemas: casi siempre en la punta del pie, los dedos, los callos, los juanetes etc. (y si no llevas tiritas o similar, mal asunto). Que le pregunten a las señoras de tacones altos o de aguja, los estragos que hacen unos tacones altos – Ese es el mismo efecto que producen las bajadas, y con quince o veinte Km., y los pies recalentados, ya me dirán.

Palas de Rei o la bondad de un paisanín:

Bajando una larga escalinata, en pleno centro de Palas de Rei observé que un lugareño de edad avanzada se acercaba a la parte baja de la escalera. Presumiblemente nos cruzaríamos en el último tramo de mi bajada. Pero no, el señor se paró y esperó que yo culminara la bajada. Ante tanta educación, delicadeza y fair-play me quedé un tanto sorprendido y agradecido. Pero ahí no quedó su abnegada y patente bondad, tendiendo su brazo derecho, me ofreció el rústico bastón que llevaba y que le servía de apoyo y ayuda al caminar. Su única palabra fue “…Tenga…”. Juro que me quedé sin palabras y sólo salió un torpe e imperceptible susurro de mi garganta que quería decir: ¡gracias!. Más adelante, encontré un bastón olvidado por algún pelegrino que no quise coger. El mío era ya histórico y simbólico, y será a buen seguro, mi fiel amigo y compañero en mi próximo Camino a Santiago.

Tercera noche: Ponte Campaña – O Mato.

Jose, el encargado de buscarnos un sitio confortable para pasar la noche nos reserva una habitación en una casa de campo (Albergue Casa Domingo), en plena naturaleza, regentada por una familia super-agradable. Sirven comidas y desayunos en unas largas mesas formando un cuadrilátero, abierto en una de las caras. La habitación que nos dieron, genialmente habilitada para cuatro personas, tiene el frontal de piedras vistas y las dos banquetas a orilla de la ventana son dos grandes sillares que armonizan con el conjunto. Esa agradable casa rural está algo separada de la carretara (1 Km aprox.) pero en el mismísimo sendero del camino. Valoramos las posibilidades de quedarnos dos noches al igual que hicimos en Samos, con la variante que ya habíamos aprendido algunas lecciones…

Esta tercera etapa tuvo unos momentos que nos desanimaron por completo. Demasiados kilómetros por la carretera, a pleno sol y sin ninguna arboleda que refrescara el ambiente. Esos kilómetros se hicieron interminables e insufribles…

Degustando el mejor pulpo de la zona.

En Melide (tercera etapa) comimos el mejor pulpo a la gallega que se puede degustar por aquella zona. La fama la tiene el Bar Ezequiel por su larga e intachable trayectoria, pero los lugareños van a otro que se llama Garnacha y que está a unos 100 metros más abajo (en la misma calle y la misma acera). Es ahí dónde algunos entendidos nos recomendaron de ir y donde probamos el mejor pulpo de nuestras vidas.

Rivadiso, o el descanso del guerrero…

Tras una cuesta interminable, no tuvimos más redemio que parar para  reponer fuerzas y disfrutar de un merecido descanso acompañado de una clara, que no quiero ni contar, lo bien que nos sentó…

Después de estar debatiendo durante un buen rato, decidimos continuar hasta nuestro objetivo. El camino se hace largo, larguísimo, antes de llegar a Rivadiso. Se vislumbra desde lejos pero no se llega nunca… A decir de la gente: después de aquel monte, una recta, un puente y a la otra orilla: el albergue oficial; rodeado de un pequeño río y arboleda que permite un relajamiento total a todo peregrino. No nos quedamos, pero no fue por falta de ganas. Habíamos quemado etapas y teníamos que progresar un poco más, para que el último día tuviéramos más tiempo para disfrutar de esa ciudad, agradable de necesidad, que se llama Santiago.

La inacabada cuarta etapa:

Miércoles. Íbamos muy bien sobre los objetivos. Recorrido previsto para hoy = 18 Km. No obstante, cuando nos quisimos dar cuenta llevabamos cerca de 20 km andados, por lo que decidimos parar y buscar alojamiento en Pedrouso. No queríamos pagar más de 8 euros cada uno para pasar la noche en un albergue, por lo que, a pesar de que eran cerca de las 7, decidimos continuar la marcha.

En el camino, encontramos una chiquita de 24 años de Kazagistan (al sur de Rusia) que hacia el camino completamente sola. Empezamos a hablar con ella; sabía algo de francés pero sobre todo inglés, por lo que mi hijo se hizo casi su único interlocutor (aunque su inglés dista de ser un modelo de perfección…). Esta señorita, que llamamos cariñosamente “la chinita”, tenía un paso rápido, ensimismada en sus pensamientos y aparentemente algo nerviosa.

Quedaría algo más de dos horas para la caída de la noche y estaba buscando algún lugar dónde pasar la noche (al aire libre… con su colchoneta y su saco de dormir).

Nos comentó que había hecho etapas de hasta 38 Km. y que había dormido tres noches en descampados. Antes de despedirnos, nos hizo con la mano el signo de “espera”, sacó de su mochila un pequeño monedero y, del monedero, extrajo una gargantilla de cuero con un pequeño crucifijo y un pequeño símbolo que representaba un cuerno de elefante, aparentemente de nácar, que nos ofreció en signo de amistad. Y nos dijo “…para que este amuleto os traiga suerte…” comentando que ella también había tenido la suerte de estar protegida en el último tramo de su largo recorrido por dos ángeles… (mi hijo y yo nos llamamos Ángel). No lo duden: el Camino lleva consigo gente de carácter, valiente en extremo – pero también amable, entrañable, desinteresada y totalmente diferente. Se puede pedir más al género humano?

Decidimos seguir caminando por dos razones, la primera era acompañar esta simpática y atrevida jovencita y la segunda ganábamos Km. – Fueron más de 7 Km. de arboledas y senderos y, a tres o cuatrocientos metros antes de llegar al cruce de la carretera general, nuestra chinita bordeó un campo de maiz y se difuminó en la oscura noche de Septiembre que llegaba, ya, a paso agigantado.

Parón obligatorio.

Ese día hicimos unos veintiocho Km. y la noche nos sorprendió justo a la salida del sendero.

Estábamos a unos 13 o 16 Km. de Santiago y una valla metálica nos impedía cruzar la carretera. Los coches que venían a alta velocidad, en sentido contrario, nos deslumbraban y nos dimos cuenta que por dónde íbamos nosotros, también era una carretera de segundo orden paralela a la vallada y siguiendo el mismo sentido de circulación. La omnipresente linterna que habíamos comprado para el evento en Decathlon descansaba tranquilamente en el coche, y el coche y Jose, a unos cuatro o cinco Km. mas allá de dónde estábamos nosotros… Él (Jose) que “andaba en coche” calculó mal y nos esperaba plácidamente en el camping San Marcos… Dónde, por supuesto, no llegaríamos esa noche ni soñando…

Asustados, caminamos valla arriba, valla abajo, buscando un hueco donde cruzar en busca de un hospedaje, lo que resultaba imposible. Estábamos atrapados en esa carreterilla de segundo orden, sin posibilidad de seguir caminando, ya que la noche era oscura a rabiar y no se veía absolutamente nada.

Nos colocamos en un lugar facilmente identificable bajo una farola y una inmensa pancarta que decía Lugo 89 Km., y mi hija tiro de teléfono.

Atrapados en la noche:

Al cuarto de hora o veinte minutos llega Jose; pero imposible de encontrar cama por aquella parte que desconocíamos por completo. Llegamos a una gasolinera y el encargado se brindó, asistido por su señora, para prepararnos cuatro bocadillos con las dos únicas barras de pan que le quedaban. Comimos, bebimos y nos fuimos a dormir…a una habitación de dos metros cúbicos escasos, con volante y cuatro ruedas…

El Monte del Gozo

A la mañana siguiente, ese día sí, salimos temprano. Objetivo: El Monte del Gozo. Desayunamos en la cercanía y emprendimos de nuevo el camino. El Monte del Gozo estaba ya al alcance de la mano.

Este monte, que todo caminante conoce, lleva este nombre porque es la antesala de Santiago. Se define como ” el gozo ” por el hecho de haber cumplido tu recorrido, tu destino: Santiago.

En realidad está a unos cinco Km. de Santiago, aunque algunos te dicen que a tres. Y, cuando empiezas a andar, sin senderos, sin arboleda, cruzando toda la ciudad, y con el tráfico típico de cualquier urbe, te da la impresión que: ni tres, ni cinco – para tí, son ocho…

Días antes habíamos reservado un albergue a escasos metros del Monte del Gozo. Este magnífico albergue llamado Juan Pablo II regentado por personal bastante variopinto dónde se juntan ingleses, franceses, polacos y seguramente algunos españoles.(aunque el Esperanto generalizado de ese lugar es el inglés que todos dominan), es un auténtico remanso de paz.
En este espacioso albergue, que brilla por lo moderno y limpio, iluminado por grandes cristaleras, en plena naturaleza y a escasos metros del emblemático Monte del Gozo, se podía respirar una profunda paz y felicidad. Nos brindaron dos cómodas habitaciones donde pudimos descansar los maltrechos cuerpos de la noche anterior.

A nuestra llegada la dirección nos comunica que a las seis o siete homenajearían con un caldo gratis, a todos los peregrinos arribados ese día; fuímos alrededor de sesenta o setenta. Decir que la sopa estaba buena, sería quedarse muy corto en la escala de valores. Las soperas humeantes quedaron encima de las mesas y creo que todos repetimos un segundo plato. A continuación, nos fuimos todos a dormir ya que, para nosotros, el día, ese día, había tenido 48 horas.

Al día siguiente, desayuno en el albergue y más de lo mismo, proyección: seguir andando. Estábamos en el Monte del Gozo pero no en Santiago. Queríamos llegar cuanto antes y, esta vez tampoco queríamos tropezar nuevamente con el famoso y casi cotidiano pedrusco.

Por fín: Santiago.

Primerísimo destino: la plaza Obradoiro rodeada de sus joyas arquitectónicas. Dimos la vuelta a la plaza y por fín el momento ansiado…

Desde ahí, vimos la entrada de la Casa Manolo de muy grato recuerdo, que nos tendía los brazos… Teníamos una mesa reservada y pasamos delante de todos los que estaban allí, esperando turno.

Huelga hablar de las excelencias de la cocina y de la cantidad, pues pienso que perderíamos el tiempo tratando de convencer al que lo conoce. En cuanto al que no lo conoce, que vaya a comer allí y comprenderá lo que queremos decir; pues pienso que siempre nos quedaríamos muy cortos. Porque, entre otras cosas, en el Norte y en Galicia, se come muy bien, en cuanto al precio, siempre acoplado al peregrino (creo que pagamos 9 euros cada uno – de risa, para la cantidad y calidad de la comida).

Después de comer fuimos directamente a la habitación que habíamos reservado desde Madrid dos meses antes para dejar nuestras mochilas y asearnos un poco. Se trataba de una casa particular habilitada en mini-hotel, con tres o cuatro habitaciones, alquiladas por habitación. La habitación era super cómoda formando ángulo, y el lugar, muy céntrico.

Habíamos conseguido nuestro objetivo en cinco días – uno menos de lo que habíamos previsto en un principio. Podríamos disfrutar de media tarde del Jueves y todo el Viernes. No fue fácil, pero con el afán de hacer unos kilómetros más cada día, ganamos tiempo al tiempo y la recompensa: casi dos día de total relax, y poder disfrutar de Santiago – acostarnos boca arriba en la gran plaza del Obradoiro, mirando la Catedral desde su base, como es normativo – sacar fotos – Sentarnos a orillas del parque – tomar unas cervezas – ojear las tiendas – comprar algún recuerdo etc… Ahí retratamos al cachorrito más pequeño que vimos en nuestras vidas. La dueña lo paseaba con su correa y nos dijo (en una agradable conversación, sentados en el suelo de la gran plaza) que se lo acababan de traer desde Murcia, dónde lo compró. Era la atracción de todo transeúnte.

Si hablo de la señora y del perro, es para demostrar, una vez más, que el gallego es persona grata, abierta y comunicativa. Podría citar otros ejemplos pero serían puras anécdotas que, juntas no obstante, serían un todo,  una referencia, que me daría la razón: Galicia es muy muy especial.

Misa en la Catedral con el histórico rito del Botafumeiro:

Pasamos una noche muy tranquila y a la mañana siguiente (viernes) fuimos a misa de doce. Llegamos con tiempo sobrado, faltando más de media hora para que empezara. Pero, una vez más, llegamos tarde ya que se suele llegar una hora u hora y media antes si quieres sentarte en los bancos habilitados para ello. Sabíamos, por visitas anteriores a este viaje, que el Botafumeiro recorría la cruz latina y buscamos unos escalones laterales dónde pudimos disfrutar de la misa y de ese espectacular balanceo…

Reencuentro con caminantes.

Antes de encontrar los acogedores escalones laterales dónde nos pudimos sentar, echamos en vistazo a los que estaban sentados en la nave central y tuvimos la muy grata sorpresa de ver a nuestra querida chinita que estaba casi en las primeras filas, frente al retablo. Cuando nos vio, su cara se iluminó y nos saludó con evidente alegría. A la salida no pudimos verla ya que hicimos una larga cola para abrazar y besar al Santo. No obstante mi hijo ha contactado con ella a posteriori, por medio de internet. Un logro más en los deseos del Supremo.

 

En un bar, también pudimos saludar a unas chicas de Puerto Rico, que tuvieron dificultades con los pies a unos 18 Km. de Santiago; estando éstas a punto de llamar un taxi para terminar el recorrido.

Esta vez fue mi hija, la que actuó de buen samaritano, cubriéndole la parte dolorida con un apósito especial de silicona que forma una especie de película o segunda piel evitando el frotamiento directo de la bota con la piel. Tras la cura, nuestra amiga se puso el calzado, saltó y dijo: “…con esto llego dónde sea…”

Otro reencuentro que nos lleno de alegría fue un chico inglés que coincidió con nosotros en un lugar dónde sellamos nuestras credenciales y donde la responsable del albergue le dijo, delante de nosotros, que los sellos que tenía desde que entró en Galicia no eran válidos ya que sólo tenía uno por día en lugar de dos. Ese chico inglés, inició el camino en Francia y, no lloró de milagro cuando la chica, sin darle solución alguna, se limitó a decirle que todo dependería de los empleados de Santiago…

Cuando le saludamos, le preguntamos si le dieron la Compostela o no. La bondadosa mano del Santo estaba ahí: Sí, se la dieron. A nosotros también por supuesto, pero después de una larga cola que salía desde la primera planta, hasta la calle.

Y, como dijo el otro: “…colorín, colorado, este cuento se ha acabado…” -

Postdata:

Antes de cerrar página, quiero llamar la atención a todas aquellas personas que tengan la intención de hacer el Camino, sobre algunos peligros o inconvenientes que pueden encontrar a lo largo del recorrido:

1º – Considero que el más peligroso viene por parte de aquellos que hacen los 200 Km. (mínimo exigido,) en bicicleta, bajando las cuestas como verdaderos locos, sin tener en cuenta la estrechez del empedrado sendero y que el caminante que pasa rozando, puede ser mayor, puede ser un niño, estar escuchando la radio, sordo, disminuido físico etc… De hecho, en el recorrido vimos dos mujeres invidentes y que no iban juntas, haciendo el recorrido con sus respectivos acompañantes…

2º – Hay que tener mucho cuidado en las curvas cuando se anda por la carretera si los vehículos circulan en sentido contrario a la marcha del caminante ya que pueden salirse de la carretera si van a mucha velocidad (y suelen ir). Si el sentido de la carretera y del peatón es el mismo = sin problema porque los carriles y los senderos, casi siempre, son interiores y cortan por el prado o por el monte. Ahí, el peligro es prácticamente inexistente.

3º – Los bornes kilométricos son un alivio para el caminante ya que sabe, en todo momento, donde está y, caso de necesidad, aflojará,  forzará la marcha o parará, según sus previsiones.

4º - Faltan piedras o troncos en algunos recorridos para poder descansar un poco, beber o comer algo. También faltan fuentes naturales de agua. El caminante no pide el confort de mesas y largos bancos, (que por cierto hay algunos, pero pocos) solo un pequeño sitio dónde poder sentarse a la sombra. Esa petición de troncos o grandes bloques de piedra es porque, a medida que van pasando los años y los kilómetros, el suelo cada vez está más bajo, y cuesta mucho sentarse y, bastante más, levantarse…

Curiosidad:

Podemos considerar que, al igual que en la antiguedad, todos los caminos conducían a Roma, por razones obvias; hoy, todos los caminos señalados con la concha de la vieira, un cruzeiro o la flecha amarilla, te llevan a Santiago. Sin embargo, ya muy próximo a Santiago cruzamos peregrinos que iban en sentido contrario. Preguntamos por qué. Sorprendente contestación: “… por tres razones..”.

Algunos quieren retroceder, hasta dónde lleguen o empalmar con un medio de locomoción que les lleve al punto de partida.

Otros habituados al camino tradicional dónde cada cual sigue la estela de otros caminantes, quiere hacerlo en sentido inverso sin ningún contacto con otros caminantes; un reto para probarse a sí mismos.

Y los más corrientes, son los que viven en el mismo Santiago. Contagiados ellos también por esa fuerte oleada de peregrinos quieren gozar, de lo que tiene al parecer, y a decir del gentío, tan especial atractivo.

Otra de las salvedades dentro de las curiosidades es que la mayoría de caminantes no paran en Santiago: tienen muy a pecho llegar a Finisterre. Por qué Finisterre?. Porque era la ruta Marítima por dónde, hipotéticamente, llegó el cuerpo del Santo a Galicia y luego trasladado a Santiago.

El ser humano es así: Siempre inventando la pólvora…

Galicia y yo

Aprovecho este relato para comentar ,que aún no siendo gallego, soy un gran amante y admirador de Galicia. La lluvia o el chiribiri que tanto se critica y casi te obliga a llevar un paraguas a diario en invierno, es un aliciente más para mí. He dicho hasta la saciedad que España tiene 50 provincias. (aparte de las dos Comunidades autónomas de Ceuta y Melilla). Pues bien, para mi tiene 49 + 1; porque considero que Galicia es un punto y aparte.

En qué lugar del mundo se han visto caballos salvajes que se compran y se venden dejándolos seguidamente en el monte??? Dónde se han visto tantísimas bateas (criaderos de mejillones), en la ría de Arosa por ejemplo? Dónde se han visto parcelas de marisqueros en el agua perfectamente señaladas con palos que emergen del mar? Hasta en el mar son patentes los minifundios gallegos…

En un anterior viaje nuestra guía dijo que en Galicia existían 23 tonalidades de verdes – Cosa que quiero creer – añadiendo a continuación con sorna metáfora que: “…con el viejo verde…” son 24…

Los hórreos pequeños, grandes, emblemáticos y románticos son casi exclusividad de Galicia.(Entre ellos destacaría los de Cambados, pero sobre todo los de  Combarro que parecen emerger de los últimos reductos de la ría. De noche, oir el chapoteo de un suave oleaje, bajo los movedizos reflejos de los candiles, te transporta a un mundo misterioso lleno de extrañas sensaciones.

Dónde y cuando un “Camino” ha sido tan celebrado y efusivo  como el de Galicia? Tal vez el de la Meca !!!!, o el de Roma tan tardío !!!

¿Por qué el Jubileo de Santiago es infinitamente más corto que el Judío (cada 50 años) o el de Roma (cada 25 años)?. El de Santiago corresponde cuando el 25 de Julio,(día de  Santiago) cae en domingo: por lo que la periodicidad es de cada, seis, cinco, seis y once años a lo largo de los años sucesivos. (Creo que el próximo corresponde al año 2021)

La Ribera  Sacra plagada de templos y conventos. Escritores de la talla de Rosalía de Castro o Camilo Jose Cela por citar alguno que me vienen a la memoria… Y, para no faltar nada, el sepulcro de un Santo mártir, al parecer el favorito de Jesucristo, y emisor de la fe Cristiana sobre todo en Galicia.

La guinda: la plaza Obradoiro, su majestuosa catedral, y el antiguo Hospital Real ( hostal por un tiempo de los Reyes Católicos – hoy Parador Nacional ) con la estatua, en sus jardines de Alonso III de Fonseca.

Si muchos entendidos dicen que España es diferente, piensen a pies juntillas que Galicia, para su gloria, también lo es.

Aclarados estos conceptos se despide de tí (como decía mi buen amigo Ezequiel López García de Málaga) : “Más que un amigo o un pariente, un discreto y abnegado Caminante”…

4 pensamientos en “Antesala de un “Camino a Santiago”

  1. En principio quiero darte mi enhorabuena, porque, sí que para mí es un “boom literario” y además, tu sencillez de contarlo, de verdad que me recuerda, cuando eramos pequeños y los mayores te contaban cuentos y que atendíamos con mucho interés, pero en este caso, no es un cuento, sino una realidad, que a la vez enseñas al viajero a tomar medidas para realizar el mismo camino que habéis hecho.
    Me encanta la foto “el tío de la vara”.

    Ángel vuelvo a decirte que mi enhorabuena porque sí, hay que decirlo, pocos a esa edad, hacen el camino que has hecho tú. Y otra cosa que señalo, qué bonito el acompañamiento de tus hijos unidos a esa promesa.

    Me ha hecho gracia el detalle de los 10 euros de los calcetines, jeje, ah…. y me ha encantado la foto de la jarra de cerveza y los bonitos pies y calcetines de mi niño Angelín, ja ja.
    Sí es verdad que cuenta desde el corazón, con toda tu sinceridad, también me ha gustado mucho donde dices, que el camino con todo su esplendor, su belleza dónde no existen nacionalidades, religiones, ricos, pobres, blancos, negros, política y políticos.
    Ah, donde dices que existen 10 rutas en España, hay una gran foto que me ha encantado, es como una casa de muros gruesos antiquísima.

    Qué foto más original, Angelín caminando con una vara y entre tanto verde de la misma naturaleza.
    Como me he reído, cuando os equivocabais de carretera y una Sra. que se dio cuenta os gritaba, diciendo que por ahí no, je je.

    Otra foto que es bonita es Ángel con la mochila…. S. Fulgentins Ep., me gustó la expresión tuya cuando dijiste aquí vamos a desayunar como Sres. y el que salisteis a las 12, chapó…y por qué no?….. si el camino es largo…. y como tú dices hay que tomarlo con filosofía.

    Donde dices Entre error y error va el juego….

    Que linda foto con tu hija Diana, qué guapos estáis.
    El error de volver 20 kilómetros hacía atrás, tela del telón, pero al final, ha valido la pena, de los errores se aprende.

    Tercer día y más aprendizaje, bonita foto entre tanto verde.
    qué detalle del Sr. que te dijo “tenga”, y en agradecimiento, tú susurro gracias…..
    Otra foto bonita con tu hija Diana y la cruz tan linda a la izqda tuya.
    Sí en la tercera etapa, se te ve cansado y motivado por la escasez de arboleda a pleno sol, que ese tramo se hizo interminable, todo tiene su parte buena y su parte mala.

    Mira, ya esto es otra cosa, os veo sentados y delante de una buena ración de pulpo y una gran cerveza, con caras de satisfacción, muy buena foto.

    Que mérito de la chinita, hacer el camino sola y el detalle de darte el amuleto para daros suerte y lo de los dos angelitos, yo creo mucho en ese tema.

    Otra foto muy bonita, la que estáis los tres con cara de mucha satisfacción de haber cumplido juntos esa bonita promesa.

    El Monumento “el Gozo”, por fin en Santiago, Angelín, seguro que dando gracias a Dios de haber llegado a la meta, que foto, tirado en el suelo, madre, mía….otra foto la Catedral de Santiago y tú sentado delante de ella, la Iglesia muy linda, y tu besando al Santo.

    El Parador Nacional y tú delante con tu hija, tenéis felicidad en la cara de haber cumplido.

    De verdad os digo que he disfrutado de vuestro camino a Santiago, creo que ha habido de todo, pero muy gratificante, no? muchos besitos.

  2. Increible reportaje! No podía ser menos del que lo escribe. Digno de pequeña novela al estilo Vázquez Figueroa. Se me ha hecho incluso corto. He podido ir imaginándomelo de lo bien redactado que está. Enhorabuena! Ya estoy deseando hacer este peregrinaje. Besos!

  3. Hola muy buenas;
    A sido maravilloso leer,e imaginar,vuestro viaje.
    Viaje que yo,pensaba hacer este proximo septiembre…..pero..
    ayer viernes me avisarón.para operarme el martes siguiente…
    no podre hacer el viaje este año,pues me operan de un pie…
    Espero, poder hacerlo el proximo año.
    sin nada mas, un gran abrazo..de lola…

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